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Madarcos

Escudo Madarcos
Esta vez nos decantamos por acercarnos a conocer Madarcos, un pequeño pueblo  situado en la Sierra Norte, a algo más de 80 km de Madrid.  La verdad, hizo un día fabuloso. Al llegar al pueblo nos dió la bienvenida un trío de perros muy graciosos que parecían custodiar la plaza de la Iglesia. Lo primero que nos impactó fue ver que los edificios principales estaban perfectamente restaurados y lucían sus bonitas fachadas de piedra al sol.

 

En el Ayuntamiento, nos reunimos con el alcalde Don Juan Carlos García Parrabera. Cuando realizamos las investigaciones previas a la salida al campo, no nos imaginábamos que podríamos encontraAyuntamiento Madarcosr un pueblo que estuviera siguiendo directrices tan parecidas a las nuestras. Sin duda Madarcos jugará un papel clave en nuestro desarrollo, aunque sólo sea por su manera -desde nuestro punto de vista- ejemplar de sacar las cosas adelante.
Tras la visita al Ayuntamiento, nos dirigimos a conocer al animador socio-cultural del pueblo, Francisco Sueiro, que se hallaba trabajando en la Sala Polivalente, también un edificio restaurado. Él nos estuvo contando más largo y tendido acerca de las numerosas actividades que se desarrollan en el pueblo, y nos transmitió el fuerte espíritu y deseo de los madarqueños por recibir la visita de aquellos interesados en aprender y disfrutar. Entre muchos talleres que llevan a cabo en el pueblo, nos gustaría destacar su, ya tradicional,  Jornada de Encuentro y Recuperación de Tradiciones, que celebrará a principios de octubre de este año su cuarta edición. ¡No nos la perderemos por nada!

 

Sin lugar a duda Madarcos se encuentra en un paraje excepcional y es una apuesta segura para una escapada de fin de semana. Los Alojamientos que en él encontramos pueden ofrecer mucho más que hospedaje,  algo que merece la pena descubrir por uno mismo.

Ha sido una grata sorpresa para nosotros el descubrir que no somos los únicos que creemos en la importancia de actuar para recuperar las tradiciones. Así, hemos podido conocer una nueva población y personas con iniciativas que parecen alinearse con nuestros objetivos.

Si hace un mes el panorama parecía complicado, ahora luce mucho mejor. :)
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Robledillo de la Jara

robledillo cartel
Continúa la búsqueda de Repueblos y esta vez salimos de la ruidosa ciudad con destino Robledillo de la Jara, un pueblecito muy acogedor en las proximidades del embalse de El Atazar. Al menos esta vez el tiempo estaba de nuestra parte: ni una nube en el cielo. Además, habíamos pedido cita previa, por lo que todo pintaba mejor.


Una vez allí, nos dirigimos al Ayuntamiento donde nos esperaba el señor alcade, Don José Manuel Fernández-García. Hablando con él nos pusimos un poco al día de la realidad de la zona, y de los diversos intentos llevados a cabo por las instituciones locales para dinamizar la actividad en los pueblos de la comarca. Se puede destacar, por un lado, la recuperación de la gestión de varios alojamientos del pueblo que estaban cedidos a particulares por parte de la alcaldía, llevándolos a liderar los de la zona de la Sierra Norte, en relación calidad-precio (Alojamientos de Robledillo de la Jara). Por otro lado, en el marco de la Mancomunidad del embalse de El Atazar, se ha desarrollado un “territorio museo” que consiste en una red de 7 museos situados en diferentes pueblos de la Sierra Norte, estando en Robledillo de la Jara el de las Formas de Vida del Pasado.


Tras despedirnos, y siguiendo las directrices del señor alcalde, nos encaminamos al Centro de Interpretación de la Micología, el único centro de toda la Sierra dedicado exclusivamente a esta actividad. Está situado en una bonita casa de piedra restaurada que, al parecer, solía ser el lavadero municipal. Allí, conocimos a Vicente, el micólogo (una persona encantadora) que nos estuvo contando las actividades que realizan en él: se organizan cursos y sendas didácticas por la Sierra, y también reconocimiento de setas. La verdad es que el espacio está fenomenalmente empleado y es un lujo escuchar las explicaciones del guía y tutor. Una oportunidad fantástica y diferente de reconectar con la naturaleza que nos rodea, así como de descubrir el desconocido mundo micológico.


El día fue provechoso, y volvimos a Madrid muy animados. Desde aquí, queríamos dar las gracias tanto a Don José Manuel como a Vicente por compartir con nosotros su experiencia y su tiempo; y, aunque la realidad pueda chocar en ocasiones con la idea de un proyecto, gracias por darnos enfoques nuevos. Pero también ¡¡muchas gracias!! a todos aquellos que, bien sea por Facebook, por e-mail, sms o mediante un comentario en el blog, nos habéis hecho llegar vuestro apoyo y vuestras sugerencias: significa mucho para nosotros. GRACIAS.
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En busca de pueblos: Robregordo

Robregordo
Hoy, por primera vez, hemos salido en busca de Repueblos, o lo que es lo mismo, aquellos pueblos cuya población ha disminuido sensiblemente en los últimas décadas hasta verse reducida a un centenar de habitantes, incluso menos.


Así, salimos de la ciudad a la aventura con destino a nuestro primer pueblo: Robregordo, en la Sierra Norte de Madrid. Se trata de un pueblo pequeño, de unos 70 habitantes. Nuestro primer error fue la falta de previsión: el alcalde no se encontraba allí. Un chico joven, encargado de las instalaciones del Ayuntamiento, nos indicó que el alcalde no estaría en su despacho hasta el día siguiente, pero podíamos ponernos en contacto con él vía e-mail para concertar una cita. Bien, un paso adelante: ya lo sabemos para la próxima.


Tras la rápida visita al Ayuntamiento, decidimos dar un paseo por el pueblo a ver qué nos ofrecía. Aunque el sol anunciaba la llegada de la primavera, el frío había dejado desiertas las calles. No obstante, nos encontramos con un habitante del pueblo con el que pudimos compartir impresiones sobre la situación actual de los pueblos y explicarle nuestra iniciativa. Aunque pareció interesarle, no se mostró muy receptivo a participar en ella: para él todo lo que sabía era demasiado sencillo y poco interesante para que otro lo quisiera aprender.



Terminada la conversación y con mucho frío en el cuerpo, nos volvimos al coche para ver qué podíamos hacer. Finalmente, decidimos dar un par de vueltas por los alrededores y buscar un sitio para comer. A eso de las 14h30, llegamos por fin al ”Rancho el Portachuelo” en Buitrago de Lozoya, donde pudimos degustar un muy buen entrecot al punto, sabroso y jugoso cómo hacía tiempo que no habíamos probado. El servicio familiar, la calidad y el precio adecuado, lo convierten en un buen sitio al que volver.


Después de esto volvimos a Madrid, pues había que seguir trabajando en nuestro plan de empresa y, además, teníamos MasterClass en YUZZ. En resumen, hemos aprendido la lección: a partir de ahora iremos a los pueblos con cita previa y buscaremos un enfoque mejor para abordar a los lugareños. A ver cómo se nos da…


Esperamos poderlo contar pronto.

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